IA y automatización en comunicación

Tres casos de uso de IA en viajes que resistieron las operaciones

La mayoría de los pilotos de IA en viajes funcionan. Muy pocos escalan. La diferencia casi nunca está en la tecnología: está en si el caso de uso se eligió por lo bien que se demuestra o por lo bien que aguanta un martes de agosto.

Hay una reunión que se repite más o menos a los nueve meses de empezar un proyecto de IA. El piloto funcionó. La demo salió bien. Alguien de la dirección lo vio y quedó satisfecho. Y, sin embargo, aquello no ha salido de un establecimiento, de un idioma o de una sola cola, y nadie sabe explicar del todo por qué.

La explicación suele ser que el caso de uso se eligió antes de que nadie preguntara si podía sobrevivir al contacto con la operación. Se eligió porque era visible, porque quedaría bien ante un comité que había preguntado qué se estaba haciendo con la IA. Visibilidad y capacidad de sobrevivir no tienen mucho que ver, y en este sector a veces van en sentidos opuestos.

Qué significa resistir el contacto con las operaciones

Los casos de uso que llegan a producción y se quedan ahí suelen superar las mismas cuatro pruebas. Es un marco de trabajo, no el resultado de una encuesta, pero aplicado con honestidad predice qué pilotos escalarán mejor que cualquier evaluación de la tecnología.

1.     Mucho volumen, poca variedad. Suficiente repetición para que la integración merezca la pena, y suficiente consistencia para que la misma respuesta sea correcta casi siempre. Una pregunta que se hace cuatro mil veces al mes de forma parecida es candidata. Una que se hace cuarenta veces de cuarenta maneras distintas no lo es, por muy molesta que sea.

2.     Una fuente única de la verdad. Existe un sistema donde vive la respuesta oficial y se puede consultar con fiabilidad: el PMS, el sistema de reservas, el gestor de incidencias, el sistema de venta de entradas. Cuando responder exige reconciliar tres sistemas que se contradicen, la integración se come todo el beneficio.

3.     Un modo de fallo definido. Cuando no lo sabe, hay un sitio evidente al que llevar la conversación, y el traspaso lleva el contexto consigo. Si la única salida es disculparse y colgar, no sobrevive a su primera mala semana.

4.     Un responsable cuyo número se mueve. Alguien de operaciones ve la mejora en su propio informe. Los casos de uso que dependen de un equipo de transformación y no los mide nadie en la operación son los que dejan de mantenerse sin que nadie tome la decisión.

Aplicada con honestidad, esa prueba descarta buena parte de lo que se propone en el primer taller. Estos son los tres que la superan una y otra vez.

Caso uno: recoger consultas fuera de horario

El más constante y el menos vistoso. Una parte importante de las consultas entra fuera de las horas que el negocio cubre bien: tardes, fines de semana, y esas horas en las que un establecimiento tiene a dos personas cubriendo el mostrador, el teléfono y lo que pase en un pasillo. Le ocurre igual a una agencia con todo el mundo atendiendo en el mostrador, a una oficina de turismo con una sola persona, o a un punto de alquiler de vehículos a las ocho de la tarde.

Esas consultas no esperan. En un sector donde la misma habitación, plaza o salida está disponible en otros cuatro sitios en treinta segundos, una consulta sin atender no es ingreso retrasado: es ingreso perdido que reserva otro.

Supera las cuatro pruebas con holgura. El volumen es alto y la variedad baja, porque las consultas fuera de horario se concentran en un puñado de preguntas: disponibilidad, precio, cambios, política de cancelación, cómo llegar. La fuente de la verdad es el sistema de reservas y la consulta es sencilla. Y el modo de fallo está claro: recoger los datos, comprometer una devolución de llamada a una hora concreta, y dejarla en una cola que alguien trabaja de verdad a las ocho de la mañana.

Cuánto recupera cada operador depende por completo de lo mal cubiertas que tuviera esas horas antes de empezar. No existe una cifra publicada para esto en ninguno de nuestros cuatro mercados, así que no vamos a inventarnos una: mida la suya durante una semana y tendrá un dato mejor que cualquier referencia del sector.

Caso dos: peticiones entre la reserva y la llegada

El segundo es la larga cola de peticiones que llegan entre que alguien reserva y aparece. Salida tardía, una cama supletoria, una alergia alimentaria, aparcamiento, a qué hora cierra la piscina. En un museo o un parque, si se puede cambiar la hora de la entrada. En una agencia, si todavía se puede añadir a una persona al grupo. Individualmente triviales. En conjunto, un volumen enorme de interrupciones que cae justo sobre las personas que menos conviene interrumpir.

Este supera las pruebas, pero con una condición. Volumen y variedad, bien. Modo de fallo, bien. La fuente de la verdad es donde se complica: un número sorprendente de estas peticiones no está registrado en ningún sitio oficial. Viven en una libreta, en un grupo de WhatsApp o en la memoria de alguien que lleva once años ahí.

Quien intentó automatizar esto sin decidir antes dónde se anota una petición terminó automatizando la recogida de peticiones que luego no van a ninguna parte. Y eso es peor que no hacer nada, porque ahora el cliente tiene una confirmación por escrito de que algo va a ocurrir.

Los operadores a los que les funcionó trataron la pregunta de dónde se anota como el proyecto, y la capa conversacional como la parte fácil del final. Ese es el orden correcto y casi nunca es como se escribe el caso de negocio.

Caso tres: absorber picos de incidencia

El tercero es más estrecho y afecta sobre todo a aerolíneas, operadores de transporte, agencias en línea y turoperadores: cualquiera cuyo volumen de contacto pueda multiplicarse por varios cientos por ciento en noventa minutos por el tiempo, una huelga, una avería o el fallo de un proveedor.

Es el caso más puro para automatizar porque la alternativa no es una persona haciéndolo mejor: la alternativa es que no lo haga nadie. Durante una incidencia seria la cola no se está atendiendo bien, se está abandonando. Cualquier cosa que responda a una parte de «¿me afecta a mí?» mientras una persona trabaja los casos realmente complicados es sencillamente mejor que lo que ocurre ahora.

Supera las pruebas con un matiz: la variedad es baja durante el episodio y muy alta fuera de él, así que el caso de uso está inactivo la mayor parte del año. Eso lo hace difícil de justificar sobre el volumen anual y bastante fácil de justificar sobre el coste de una sola mala semana. Cuál de las dos formas elija decidirá si se aprueba.

Los que no suelen sobrevivir

Hay tres propuestas que aparecen constantemente y que fallan por razones estructurales, no técnicas. Reservar un viaje entero conversando, de principio a fin: se demuestra maravillosamente y en producción tiene que tocar disponibilidad, tarifas, restricciones, pago y cambios, en sistemas que nunca se diseñaron para conducirse por conversación. Vender una mejora según cómo suene el cliente: mucha variabilidad, la propiedad del caso se disputa entre marketing y operaciones, y un fallo hace daño de verdad. Y el asistente que lo hace todo, en todo el recorrido del cliente: eso no es un caso de uso, es una categoría.

Conviene decirlo, aunque no nos favorezca: esos tres son los que más nos piden.

Leer la investigación: el estado de la IA y la automatización en las operaciones de viajes en Europa

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